La verdad poco saludable detrás de las recomendaciones dietéticas oficiales

La verdad de las recomendaciones dieteticas

A medida que navegamos por el complejo mundo de la nutrición y la salud, es fácil irnos por las últimas tendencias o modas pasajeras y no hacer caso de las recomendaciones oficiales promovidas por prácticamente la mayoría de los profesionales de la salud y la nutrición. Pero, ¿qué pensarías si te dijera que las recomendaciones alimentarias oficiales podrían no ser tan saludables como parecen?

De hecho, cada vez más expertos creen que estas recomendaciones en realidad están contribuyendo a los mismos problemas que se supone deben resolver: enfermedades como la obesidad y la diabetes tipo 2.

Un problema metabólico cada vez más común

Comencemos con la resistencia a la insulina. Esta condición es un problema importante que conduce tanto a la obesidad como a la diabetes tipo 2. Pero aquí está la cuestión: la genética no es la causa principal de este aumento; es nuestra alimentación moderna. Y en concreto, el alejamiento cada vez mayor de las dietas naturales hacia alimentos ultra procesados y una mayor ingesta de carbohidratos de rápido almacenamiento.

Piénsalo así: los seres humanos, como especie, hemos estado comiendo durante decenas de miles de años y, sin embargo, nuestro genoma no ha cambiado significativamente durante ese tiempo. Entonces, ¿qué ha cambiado? Nuestra dieta. Hemos pasado de prosperar con alimentos integrales y naturalmente ricos en nutrientes a consumir una dieta rica en azúcares añadidos, carbohidratos refinados y aceites de semilla ultra procesados.

Consumiendo una dieta obesogénica

Para muestra de todo lo anterior, aquí un ejemplo. Se han alimentado ratas de laboratorio con dietas diseñadas para hacerlas engordar rápidamente (conocidas como dietas obesogénicas), y estos experimentos reflejan casi a la perfección los efectos de las recomendaciones dietéticas modernas.

Estas dietas experimentales son ricas en carbohidratos refinados, y una cantidad importante proviene de azúcares añadidos. Esto conduce a los ratones a desarrollar resistencia a la insulina y todas las consecuencias negativas para la salud que la acompañan.

A pesar que se conocen como dietas «altas en grasa» para promover la obesidad en los ratones de laboratorio, en realidad son altas tanto en carbohidratos como en grasas, pero más específicamente en grasas de aceites de semillas. Precisamente los aceites de semillas que más son utilizados en la alimentación moderna.

De modo que una alimentación similar en humanos es la que lleva, al igual que en los ratones, a la resistencia a la insulina, la obesidad y todas sus consecuencias. Solo que en los seres humanos sucede más lentamente; y de ahi la utilidad de reconocer la resistencia ala insulina antes de que se convierta en problemas más grandes.

Una caloría no es una caloría

Ahora sé lo que estás pensando: «¿Pero qué pasa con la calidad sobre la cantidad?» Sí, las recomendaciones alimenticias oficiales enfatizan este mismo principio. Sin embargo, como podemos probar por el aumento en la prevalencia de enfermedades crónicas de los últimos 40 años, esto no ha sido suficiente para contrarrestar los efectos negativos de los patrones dietéticos modernos.

El cuerpo humano es adaptable, pero si continuamos con hábitos poco saludables década tras década, eventualmente tendremos consecuencias negativas.

La cuestión es esta: desde la introducción de las recomendaciones dietéticas oficiales (por allá de principios de la decada de 1980), ha habido un aumento dramático en la obesidad y la diabetes tipo 2 conforme distintos paises adoptaron las recomendaciones originadas en Estados Unidos. ¿Coincidencia? No lo creo. El consumo de azúcar ha aumentado significativamente con el tiempo, lo que contribuye a la resistencia a la insulina y a problemas de salud relacionados. Y nuestras recomendaciones dietéticas probablemente en parte han contribuido a este aumento al promover dietas altas en carbohidratos.

De modo que, a pesar de que muchos profesionales de la nutricion aun lo consideran asi, nunca han sido lo mismo una caloria de harina o refresco que una caloria de carne o aguacate.

Nadando contra la corriente

¿Entonces, qué podemos hacer al respecto? Bueno, para empezar, considera hacer cambios en tu dieta de modo que promuevan la ingesta de alimentos lo más naturales posibles, integrales y ricos en nutrientes, así como reducir en consumo de alimentos ultra procesados y principalmente de azúcares, harinas y aceites de semillas. Puede que tu cuerpo necesite tiempo para adaptarse, pero la recompensa valdrá la pena: siendo una persona más saludable la mayor cantidad de años posibles.

Comenzar con el pie derecho

Y no te preocupes si necesitas ayuda en el camino. Consulta con un profesional médico o de la nutrición actualizado, que pueda guiarte en un camino personalizado hacia una mejor salud metabólica. Recuerda, no se trata de perfección; se trata de progreso. Entonces, da ese primer paso hoy y comienza a realizar cambios que beneficiarán a tu cuerpo y a tu futuro.

¿Quieres saber más y comenzar? Puedes agendar una consulta y comenzar a hacer los cambios correctos lo mas pronto posible.

Descargo de responsabilidad: esta publicación tiene fines informativos únicamente y no debe interpretarse como consejo médico personalizado. Consulta siempre a un profesional de la salud antes de realizar cualquier cambio en tu régimen de medicación o alimentación.

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